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Relato

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Tobias Tobias vive solo en un antiguo piso situado en el centro de su ciudad. Tiene más de cincuenta años y nunca ha madrugado para ir a trabajar. Cobra una pensión que le paga el estado desde su mayoría de edad. Fue su madre, la que en vida se ocupó de que a Tobias no le faltara nunca de nada cuando ella no estuviera para cuidarlo. Tobias nació sano. Pesó casi seis kilos. Su cuerpo era similar a tener entre las manos unas vueltas de longaniza. Era blando y mofletudo unido a un color lechoso tanto en invierno como en verano. Fue siempre la delicia de su madre, que adoraba cada molla suya haciéndole ver a todo el que la rodeaba, que era el bebé más precioso del mundo. Tobias comenzó a andar con casi veinticuatro meses y para entonces los médicos y su esposo llevaban tiempo insistiendo en que dejara que el niño se moviera a su aire; que lo soltara para que gateara, corriera o escalara. Una tarde de primavera, mientras la madre de Tobias leía una revista en su pequeño balcón...

Relato

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La metamorfosis Introduce su llave por la hendidura de la cerradura, y con un gesto estudiado abre la puerta de su casa. No enciende la luz. La casa está en penumbra. Se apoya en la pared estucada donde se deja caer hasta el suelo. Lo roza con la yema de los dedos, y un pensamiento fugaz le viene a la mente; debería de llamar a alguien para que le lijara el parquet. Lo nota áspero. Está así durante un rato. Un rato largo. Todavía sin cambiar, piensa en su compañera de trabajo y sonríe. Sigue a oscuras en mitad del pasillo. Ni siquiera se ha quitado el abrigo. La sonrisa va unida a un leve chillido. Unas imágenes en forma de diapositivas vienen a su mente; la cara de horror de Úrsula, y el gesto de su jefe acusándola de robo. Ella negando; diciendo que no ha cogido el dinero del cajón y su jefe amenazándola con echarla a la calle. También se ve a ella misma al otro lado de la puerta. Vigilándolos a oscuras y manteniendo la respiración para no ser descubierta, y luego a la ...

Relato

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Él y ella. Ella gritó. -¿Qué ocurre? -dijo él. -Ha salido el sol   -contestó ella con voz nerviosa. Él piensa   que hoy fue el sol. Ayer   un maldito arco iris y hace unos días   la causante de su ansiedad fue provocada por unos copos de   nieve formando pequeños granos de arroz alrededor de la ventana. Por eso no contesta. Porque siempre es lo mismo. Está cansado de ella y se inunda en un silencio, intentando expulsar las palabras constantes y absurdas de su mujer de su cabeza. Tantea a su alrededor   y con una mano   se sienta en su sillón. -¿Pero, no vienes? Su voz denota una insistencia frágil, algo semejante a cuando las cuerdas vocales flaquean. En el momento en el que parece que la vida fuera   un castillo de naipes y sé percibe que de un momento a otro alguien soplará para salir volando a algún lugar que nadie conoce, pero que saben que no les gustará. Llevan veintitrés días confinados. La mujer siente el rayo d...

Relato

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El detective Mientras revisaba los albaranes   pendientes del viernes, su compañero se lo sopló mientras masticaba su palillo: -Psss, ¿te has enterado? -¿De qué me tengo que enterar? -De la chica, de la chica que han encontrado esta mañana a la orilla envuelta en algas. Vaya mierda de detective que estás hecho tío.   Tragó saliva y se levantó de la silla. El ruido de sus zapatos crujieron en cuanto dio dos zancadas. Cogió un puñado de albaranes y se los llevó a su jefe. Entró sin llamar. -Ya era hora Lorenzo, esto tendría que haber estado para el viernes. Más te vale que te pongas las pilas. Si no... Dejó los papeles arrugados encima de otros, que se encontraban amontonados cogiendo polvo y salió por la puerta dando un portazo. -¿Qué?, ¿otra bronca del jefe? -Métete en tus asuntos. -Oye tío, que a mí me da igual si tienes mal rollo con Pepe o no, solo te he preguntado. No le contestó. Se sentó en la silla y un ligero chirrido se escuchó...

RELATO

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VIRUS Son las 5.00 horas de la mañana y no puedo dormir. Víctor se encuentra a mi lado. Sus párpados están en continuo movimiento. Sus descansos son gracias a los ansiolíticos, y a pesar de todo, su vigilia está llena de pesadillas. Hace dos días se levantó llorando a las 3.00 horas de la mañana, parecía un niño pequeño. Víctor no recuerda nada de aquello, o a lo mejor no quiere hacerlo. *** Estamos en nuestro sofá, que a la vez es nuestra cocina, sala de estar y dormitorio. Oímos las noticias en la tele. Nos suenan lejanas, como si no nos incumbiesen. Nosotros no pertenecemos al mundo. Víctor y yo tenemos nuestro propio trozo de universo, y lo demás nos da igual. Hablan de un virus o algo parecido. Me río, porque el nombre que le han puesto me suena a trabalenguas. O a lo mejor, la risa es por   el efecto que el porro está haciendo en mí. *** Nos ha tocado la lotería. Lo sabía. Víctor me insistía que al final   dejamos el bote de nocilla en la estantería...

Microrrelato

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Este microrrelato ha sido seleccionado para formar parte en la VI edición de una antología literaria de terror. EL HIJO Se tumba junto a su hijo. Lo oye respirar. Se queda así, hasta que un sonido le hace reaccionar. Lo coge en brazos y se lo coloca en su pecho henchido. Con una mano se aprieta la mama y un reguero de leche tibia resbala por su tripa. Piensa que no ha cogido bien la teta. Enciende la luz. Coge unas tijeras y le agujerea la boca; -así comerás mejor. Mira el trozo de plástico que acaba de dejar en la mesita, y se recuerda que tiene que quitarlo de ahí. El último trozo con forma de labio que abandonó, el gato se lo comió.

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La novia Estoy en la suite de un hotel. Frente a mí, tengo dispuesto mi vestido de novia, lo toco y me quema. Todo lo que se encuentra a mi alrededor está lleno de lujo, un lujo que me daña los ojos. Cojo el vestido, y con sumo cuidado lo saco de su percha de nácar, lo huelo, y la opresión que siento me atraviesa las fosas nasales, sintiendo un agobio que hace llegar a mi cerebro y tenga que soltar el atuendo, dejándolo a mis pies como si de un trapo viejo se tratara. Una mujer acaba de entrar por la puerta, ni siquiera me habla, coge el vestido y lo coloca encima de la cama. Con un gesto me dice que me desnude. Lo hago mientras miro las paredes que que poco a poco se van acercando más a mi, dejándome sin aliento, ni fuerza. Meto la cabeza por el cuello del vestido y me pica; siento como si un nido de avispas revolotearan a mi alrededor. Intento respirar y dos avispas se posan debajo de mi nariz, no es una sensación, lo que siento es real. Unas gotas de sangre manchan el...

relato

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LA PENÚLTIMA COPA Le he sido infiel a mi mujer. No fue premeditado. Ocurrió sin más. Me sentía maltratado, aunque no  siempre. Claro. Mi sensación con respecto a ella es como si tuviera que saber lo que ocurre por su cabeza en todo momento y adivino no soy. Hubiera hecho cualquier cosa por mi mujer, de eso estoy seguro. Pero la vida es así, (amigo. Qué te voy a contar que no tú no sepas). Ocurrió de la manera más tonta; me fui después del trabajo a tomarme una copa. No tenía ganas de aguantar sus tonterías que últimamente eran varias. Me metí en un bar. Justo en el que hace esquina al lado del polígono. Pedí un wisqui doble con un hielo y la camarera me lo sirvió poniéndome en bandeja sus pechos semi desnudos. El primer trago me supo a rayos. El tercer wisqui fue acompañado por una leve caricia en el hombro, preguntándome si necesitaba compañía. Vestía con lo mínimo. Su piel tostada por el sol aparentaba más edad de la que seguramente tenía. Me preguntó con gesto car...

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Un algodón de azúcar El filo de mi bigote fue el que me avisó. Dormitaba en la hierba cuando esta es todavía larga, frondosa y espesa; como cuando me tumbo en su cama y con mis patas me acomodo en el colchón dejando el hueco justo que forma mi cuerpo; en ese momento cuando el agua del rocío envuelve la hierba y te atrapa con su olor a menta despertándote los cinco sentidos. Lo miré de reojo y lo cacé. Me recordó a cuando ella jugaba conmigo con un cordel y en el extremo iba atada una bola de lana esponjosa; como si fuera un algodón de azúcar. Ese algodón dulce que compartía con él; ahora ya no hay algodones de azúcar. Tampoco está él. Ví en ese gorrión al algodón de aquellos momentos especiales y por instinto lo agarré con mis colmillos. Saqué mis uñas; afiladas como garfios. Me había convertido en un pirata. Quería que supiera quien establecía las reglas. Además, yo solo quería jugar. Divertirme como cuando lo hacía con ese cordel que ella insistía en colocarme encim...

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Un tipo sospechoso Salgo con el tiempo justo de casa. Agarro el bolso, las llaves y me voy por la puerta con un sobrealiento que hace que tenga que detenerme en seco. Maldigo en voz alta:- He vuelto a olvidarme las gafas de sol. No soy nada sin ellas, ni siquiera cuando el cielo está cubierto. Estoy a punto de subir a buscarlas, pero llevo diez minutos de retraso y toda una semana llegando tarde a trabajar. Estoy parado en un semáforo y la veo llegar a lo lejos. La manera que tiene de moverse es inconfundible.Va con paso apresurado. Me fijo en su bolso: lo lleva medio abierto y por el resquicio le asoma el mango del paraguas. Hoy no lleva las gafas de sol y a pesar de que sus ojos se ven hinchados, está preciosa. Enciendo un cigarro sin dejar de observarla: hoy tampoco se ha lavado el pelo, lo lleva recogido, y el cabello que amanece en sus sienes se le pega al cráneo como si estuviera pegado con cera. Ha cambiado de abrigo; este se ajusta en exceso a su cintura, quizás sea...

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Singing in the rain (Año 2045) El último día de curso nuestro profesor deseaba obsequiarnos con algo; quiso llevarnos a una antigua biblioteca convertida en un cobertizo. O como le gustaba decir: "mi refugio". Ese día además de ser el último para nosotros también lo sería para nuestro maestro. En unas semanas partiría muy lejos y no quería irse sin dejarnos lo que más quería: sus libros. Partimos hacia ahí. Una nube de polvo nos acompañó durante todo el camino. El sol picaba más de lo habitual y a pesar de que todos llevábamos nuestras gorras y una crema protectora, notábamos como los rayos traspasaban nuestras camisas sin piedad. Cogí mi botella de agua. Me la eché encima de la cabeza. Imaginé como sería el ir caminando por esa senda angosta y que el agua no cayera de mi botella, si no del cielo. Hacía más de quince años que no llovía. Yo tenía trece. Había visto la lluvia en vídeos de internet. Muchas tardes me encerraba en mi habitación sólo para ver...

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UN FALLO ELÉCTRICO (DESENLACE) Abrió la puerta de su casa. Echó un paso hacia atrás. El piso estaba a oscuras, tragó saliva y encendió la luz del pasillo. Se acercó al salón y vislumbró su sillón azul, respiró profundamente y se sentó. Apoyó las manos en ambos brazos y un cerco de sangre quedó impregnado en la tela, se metió un dedo en la boca y con un poco de saliva intentó limpiarlo. Fue en vano, lo único que consiguió fue que la sangre se extendiera todavía más. Se quito las botas de trabajo y encendió la tele; Su equipo iba ganando.-¡Arriba equipo¡ Una cerveza es lo que más necesito ahora.-¡Violeta¡- ¿Estás en casa?- Entonces recordó el coche de su mujer mal aparcado. Habían sucedido una serie de inconvenientes desde entonces y su malestar olvidado volvió a su cabeza, aunque no se le escapó el gol que metió su equipo en el último segundo de la prórroga. Se encaminó hacia la cocina a por una cerveza; Eufórico y feliz, cuando al abrir la puerta de la nevera, miró...