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Miranda

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  Llamó por teléfono una mañana de invierno. Era lunes y hacía frío. La nueva estación se mostraba en todo su esplendor, y el aire golpeaba una de las ventanas—en casa del herrero...—, ni siquiera me dio tiempo a acabar de decir el dichoso refrán. El teléfono sonó con insistencia; un tono, dos tonos...al quinto dejé mi café—ya frío—, encima de la mesa, junto a unos albaranes polvorientos. Era una mujer, la que se encontraba a la otra línea del teléfono—una quiebra, justo al lado de una sus ventanas—, eso fue lo que me explicó. Según me dijo, por ahí se colaba absolutamente todo: viento, lluvia, frío, calor, penas, sufrimiento, angustia y venganza. Su voz me pareció cálida, igual que cuando dejas reposar un bizcocho recién horneado sobre la encimera de la cocina, y el olor a azúcar que desprende lo va impregnando todo. Solo cambio su tono de voz, en el momento en que me dijo que ella no se encontraría en su domicilio, que sería el portero, quien le mostraría la quiebra y, que cada...

El fin del mundo en un avión—2º parte—.

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  David, abrió los ojos como platos, cuando a través del cristal del avión en el que volaba, pudo observar una maraña de estrellas enredadas todas entre si. La lluvia amarilla, hacía tiempo que había comenzado a alejarse en forma de tornado, y ahora en cambio, ya no existía cielo—había sido engullido por completo—; las estrellas se cruzaban entre ellas, quedando apelotonadas, y eran tantas, que se mezclaban, haciendo que al final aquello pareciera una masa gorda y blanda en medio de la nada—esto será a lo que se refieren con el fin del mundo—,fue lo que David pensó para sus propios adentros. Pero a diferencia de David, ninguno de aquellos peculiares pasajeros que volaban con él, se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo ahí fuera Los singulares viajeros que viajaban con David alejándose de el fin del mundo , no eran los mismos que horas antes habían sido conducidos a aquel avión de forma imprevista. Solo habían pasado unas horas, desde que David subió a aquel cacharro destart...

El final de la historia

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  Lo que está escrito es lo que importa. Lo demás no existe. Durante todo el tiempo que estuve encerrada, las imágenes de mi vida iban y venían como si de una ráfaga de diapositivas se tratara. A veces me veía a mi misma en ellas. Otras en cambio no me reconocía y todo ello iba encadenado a una continua repetición de noticias; fotocopias unas de las otras, tanto, que había momentos donde la realidad se mezclaba con los sueños y estos se enredaban con una ficción inventada en mi cabeza, donde todo lo ocurrido solo estaba en mi mente; mi pasado mi presente y mi futuro. Aunque esto era cosa mía, porque cuando aquel cinco de julio del dos mil veinticuatro, a las ocho de la mañana se sintonizó puntualmente el televisor, lo vi escrito en un cartel informativo que figuraba detrás del presidente; el Estado de Sitio se levanta a partir de hoy a las doce del mediodía . Ese día era viernes, y a pesar de que durante el último Estado todos los televisores del país se programaban ellos solos...

Recomendación literaria

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  Hoy quiero recomendaros un libro, que bien podría catalogarse de ficción y ensayo. La novela de la que quiero hablaros lleva como título: Las madres no. De la escritora Katisa Aguirre. Escribir sobre maternidades ha dejado de ser raro. Pero cuanto más me adentraba en la oscura lectura, más cruda me parecía. Este libro tiene dos protagonistas, las dos son mujeres, y las dos son madres. La historia en cuestión tiene a una de las madres y lo que hace es asesinar a sus dos bebés; esta mujer está casada, tiene una buena vida y los hijos eran buscados. Tanto, que nacen gracias a una reproducción asistida. Por otro lado, tenemos a la otra futura madre que en esos momentos está embarazada y es escritora. La futura madre da a luz y de la manera más casual lee en un periódico el infanticidio de  unos  gemelos asesinados por su propia madre, lo más perturbador de todo, es que la protagonista que acaba de dar a luz la conoce, y empieza a  sentir tal obsesión por la historia qu...

Damas desnudas

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En París hay cientos de calles por donde uno puede perderse sin apenas darse cuenta. En una de ellas, vive Paul; en un ático sin cortinas y con vistas a la Torre Eiffel. En esa callejuela empedrada, donde siempre se llena de turistas sea la hora que sea, vive el protagonista de esta historia. El olor a croissant y el aroma a café recién hecho hace despertar los sentidos de Paul. Se encuentra en su ático con una mujer y la pinta sobre un lienzo. Desnuda. La dama, se llama Sophie. Paul, es un pintor bastante conocido por plasmar en el lienzo a mujeres sin ropa; de manera provocativa y sacando toda la sensualidad a través de la pintura . Sophie, es una pelirroja de cuarenta años. Su cara llena de pecas le hace parecer más infantil de la edad que tiene, pero su cuerpo no. Destaca por una figura protuberante; de anchas caderas, pecho grande y redondo. Sus piernas son largas y unas finas venas violáceas se marcan en la cara interna de sus muslos. Está sentada en una silla que prete...

El niño sin cabeza

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  Elena se topó con una foto que creía perdida. Ahí, en ese trozo de cartón plastificado se encontraba Iván. En la esquina de la imagen, una fecha: treinta y uno de octubre de dos mil...Esa fue la foto que le hizo el mismo día que desapareció. La que le proporcionó a la policía para facilitar su aparición, esa y otra instantánea vestido de calle, porque el retrato que estaba frente a ella, Iván iba disfrazado de el niño sin cabeza, un disfraz que ella misma le hizo, incluida la cabeza, que Elena hizo con cartón y que luego ella misma encoló y pintó. Elena recuerda que a Iván le encantó la cabeza que le hizo, y también en lo orgulloso que la llevaba colocada en su mano derecha. Esa imagen que tenía delante, fue la que le fue devuelta meses después, porque el caso quedaba cerrado.—Señora, hay cientos de desapariciones todos los días. En todos los lugares del mundo...—El informe de su hijo Iván queda concluido. Un año más tarde, Elena observa a su hijo a través de la fotografía p...

El chamizo de la Inés

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  Cruzó la esquina con su coche todavía en tercera y se comió como hubiera dicho—el Dani— todo el bordillo. Acababa de estar con él—con el Dani—pero no le dijo cuando lo dejó en la misma puerta del Mercadona que se iba a casa de —la Inés—      Mientras se alejaba después de haberlo dejado en la puerta del supermercado con sus zapatos de goma, su chaleco que le quedaba un poco justo para su gusto y eso que —el Dani—era flaco; un tirillas, como lo llamó aquella vez en ese bar donde se lo bebieron todo, mientras — el Dani— le contaba sus historias para no dormir, el chaleco—pensó ella—le quedaba demasiado estrecho.      Habían estado tomando un café en un bar cercano; un cortado para ella y un café solo con orujo para él y mientras ella se dedicaba a explotar el sobre de azúcar haciendo que los granos saltaran por encima de su falda—el Dani —sacó de su mochila un paquete de Donuts que devoró prácticamente sin masticar, mientras ella lo miraba con ojos ...

Relatos de café

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Recomendación literaria. Hoy os quiero recomendar el libro Relatos de café. Es un libro muy especial, ya que la autora soy yo y además el prólogo es de Julio Espinosa; gran escritor y poeta. Os diré que, Relatos de café es un conjunto de historias, donde la cotidianidad se entremezcla de forma casual con lo paranormal, y la estupidez humana puede llegar incluso hasta límites insospechados. También el humor, unido con la ironía, el terror, y el sexo, con o sin amor, están presentes en alguno de los relatos. Hay historias que se tornan amargas; como el café negro. Pero como todo en la vida, depende de la cantidad de azúcar que añadas a tu taza, o en cómo la veas en esos momentos. En este año difícil y oscuro que nos está tocando vivir, nada mejor que las letras entrelazadas entre sí, para que las pequeñas historias que leas se sumerjan en tu mente y te hagan olvidar... La vida a veces se cree larga. En el final del túnel dicen que es corta. Sírvete una taza de un buen café, espolvorea ...

Una mala madre

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Relato La mujer salió de su casa aprovechando la noche cerrada. Para no hacer ruido dejó la puerta de la entrada entreabierta y colocó una piedra en el quicio y evitar así que se porteara. Ella no debía de enterarse. La luna estaba cubierta por un puñado de nubes y tan solo una estrella despuntaba. Corría prácticamente sin aliento; con un hatillo en una mano y una canastilla vieja abrigando a un bebé en la otra. Sus ojos estaban desencajados a causa del esfuerzo, su tez pálida habitual ahora se tornaba roja, y unas venas se le comenzaban a marcar alrededor de sus ojos verdes. Se paró en seco y eso acabó formando una nube de polvo a sus pies. Acababa de llegar a las vías del tren. La estación quedaba a un lado y ya faltaba poco para que el cercanías llegara; exactamente haría su parada en siete minutos y pasado ese tiempo, el tren volvería a retomar su rumbo. Sin sacar al niño del canasto, ató el bulto a las vías con una cuerda que sacó del hatillo. El bebé dormía. La estación es...

Relato

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El fin del mundo en un avión La presentadora de un canal noticias, irrumpe a media noche en mitad de una película que Sofía mira con el cuerpo en tensión; — el fin del mundo se acerca—... dicen a modo de titular unos labios inyectados en silicona. Sofía en esos momentos no sabe si la mujer que ha hecho su aparición forma parte del filme o no. Enseguida se da cuenta que la petarda acaba de joderle la película. La mujer que se encuentra metida dentro de la caja tonta, hace un pronóstico de la noticia con una voz plana y aflautada, como si en lugar de hablar por ella misma, fuera una muñeca, donde una mano y una voz le dicen lo que tiene que decir y lo que no. La muñeca de trapo, de labios de silicona que da el aviso, no enfatiza en ningún momento nada de lo que dice; ni siquiera cuando insiste en la frase—  el fin del mundo se acerca—... Las noticias ya, dejaron de tener importancia. Sofía coge el mando de la tele y sube el volumen; ...e l Estado cederá a cada familia, ...

Relato

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El baño Llegué a casa un viernes por la tarde desbordado por el trabajo, a la vez que acalorado y con la piel pegajosa como si fuera envuelto en capas y capas de la maldita miel del súper. No había nadie en el piso; ni rastro de mi mujer ni de mi hijo; lo cual me alegró. Por fin un poco de soledad. Eso era lo que necesitaba. Me desabroché la corbata y la coloqué con un cuidado exquisito, como si estuviera representando la función de teatro que horas antes figuraba ante mi jefe. Después de despojarme de ella, sentí que volvía a respirar y eso me condujo a quitarme la ropa hasta quedar totalmente desnudo. Me sentí tan bien y tan gozoso de estar así en mi casa, que me serví una copa de vino. El primer trago me supo a gloria y el segundo hizo que ya me dieran ganas de ponerme a tararear a Sinatra. Con la segunda copa en la mano y con una felicidad desmedida corrí hacia la bañera; quería sumergirme entre pompas de jabón y saborearlas como si de algodones de azúcar se trataran, ante...

Relato

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Tobias Tobias vive solo en un antiguo piso situado en el centro de su ciudad. Tiene más de cincuenta años y nunca ha madrugado para ir a trabajar. Cobra una pensión que le paga el estado desde su mayoría de edad. Fue su madre, la que en vida se ocupó de que a Tobias no le faltara nunca de nada cuando ella no estuviera para cuidarlo. Tobias nació sano. Pesó casi seis kilos. Su cuerpo era similar a tener entre las manos unas vueltas de longaniza. Era blando y mofletudo unido a un color lechoso tanto en invierno como en verano. Fue siempre la delicia de su madre, que adoraba cada molla suya haciéndole ver a todo el que la rodeaba, que era el bebé más precioso del mundo. Tobias comenzó a andar con casi veinticuatro meses y para entonces los médicos y su esposo llevaban tiempo insistiendo en que dejara que el niño se moviera a su aire; que lo soltara para que gateara, corriera o escalara. Una tarde de primavera, mientras la madre de Tobias leía una revista en su pequeño balcón...